jueves, 16 de abril de 2009

Entrega

El sudor perlaba su rostro. El vapor manaba con estruendo de su boca. El cansancio comenzaba a nublar su visión y su razón. Le llamaba a rendirse a él. En estos momentos parecía una buena idea el abandonar la lucha, sería tan fácil, tan cómodo. Descanso. Hace mucho que no gozaba de él. Su significado quedó olvidado cuando aceptó luchar contra los enemigos de Dios.

Cerró los ojos un instante, inhaló una profunda bocanada del frio aire otoñal y se preparó para el fin de la batalla.

Amado Padre celestial, en este momento de flaqueza, te pido me cubras con tu sangre bendita. Que me des la fuerza necesaria para resistir. Amado Señor, pon en mi boca palabras de poder, tus palabras que nos lleven a la victoria contra el enemigo...

Decidido, confiado, y entregado a Dios, abrió los ojos. La visión era clara, ya no tenia la neblina del cansancio. Su firme razón volvió, y estaba listo para el final.

El demonio rugió y alzó sus garras, un aullido de sufrimiento más que de ira o desafío. Sabía que su final se acercaba.

-En el poderoso nombre de Jesús de Nazaret, retírate a las profundidades. Te expulsamos fuera demonio, porque donde está Dios hay luz, y la luz resplandece en las tinieblas!- fue el grito que precedió a la embestida. Corrió contra la bestia infernal, alzando su espada y orando mentalmente

Amado Padre celestial, en este momento de flaqueza, te pido me cubras con tu sangre bendita. Que me des la fuerza necesaria para resistir. Amado Señor, pon en mi boca palabras de poder, tus palabras que nos lleven a la victoria contra el enemigo...

La criatura rugió y cargó contra el guerrero, con las garras abiertas y prestas a destruir a su rival. Un guerrero de Dios. Cubierto de una armadura de escamas, de brillantes tonos plata y oro, con una espada larga en las manos, y una corona de joyas. Hermoso lucía el guerrero, incluso a los impíos ojos de la bestia. Ella sabía que su fin se acercaba.

El choque derribó al guerrero, haciéndole perder su espada. Giro en el piso para alejarse del demonio. Un fuerte rugido acompañó la incorporación del guerrero. La bestia se tambaleó, con la espada clavada en su centro. Rugió una vez mas, maldiciendo su situación y probando con su propia vida que tanto ella, como todas las demás criaturas infernales no podrían vencer  a aquellos que estaban del lado de Dios.

Caminó el guerrero a los restos del demonio, recuperó su espada y postrándose con la espada por delante, en señal de reverencia, alabó a Dios, y dio gracias.

 

Cap. Gado
F.G. 20091604

1 comentario:

Justina .. dijo...

Tienes un don, creo que lo sabes. Quiero que lo uses en virtud para quien te dio este regalo.
Logras penetrar los sentidos del lector. Me gusta. Quiero leer más..

besos